Un negocio al alza

El oro presume de ser uno de los valores refugio más importantes que hay, un amigo que en época de inestabilidad política o monetaria suele mantener sus beneficios. Durante estos años de crisis los inversores se han escudado en este elemento químico de número 79, masa atómica 196.976 y símbolo Au en la tabla periódica.

oro

Cada vez que acontece un hecho que produce inestabilidad en un país, el valor del oro se ve incrementado. Más recientemente, con el referéndum realizado en el Reino Unido y la siguiente victoria de los partidarios rtidarios del Brexit, el único ganador de la jornada fue el valor del oro. El lingote de dicho metal incrementó su valor un 8.1%, traduciéndose en su mayor subida desde el inicio de la crisis económica en 2008. Con motivo de la alta volatilidad de las bolsas en este 2016 y la fuerte caída del petróleo han provocado que su valor ascienda hasta el 25%, su nivel más alto en más de dos años.

Los últimos inversores en sumarse a este fiebre del oro son de origen musulmán. Existe una ley islámica conocida como “la sharia”, que constituye un código de conducta en el que se incluyen todas las normas relativas a los modos del culto, los criterios de la moral y de la vida, las cosas permitidas y prohibidas y las reglas separadoras entre el bien y el mal. Es más una cuestión de conciencia y moral que algo indiscutible que albergue el Corán. Es por esto que la compra de oro en tierras musulmanes es un asunto algo delicado. En realidad no tienes ningún problema por poseer oro, pero este producto que adquiere una distinción “ribawi”, es decir, un bien tangible que puede ser intercambiado con terceras personas siempre y cuando no salga beneficiada una única persona en dicha transacción.

Muchos multimillonarios musulmanes están optando por la compra de oro ante la incertidumbre de otra gran época de recisión económica, volviéndose a erigir como el mayor valor refugio que existe. Como se prevé que ocurra en esta segunda mitad del año, la religión va a ver con buenos ojos este tipo de transacciones sin ningún condicionante, lo que se presume como una posible fiebre del oro en países como Qatar, Malasia, Kuwait o los Emiratos Árabes. Razón por la cual estos mercados van a convertirse en verdaderos centro neurálgico de poder y opulencia.

Conforme los inversores van volviéndose más ateos con respecto al poder de los bancos centrales y el dinero en papel pierde belleza, el mercado del oro parece ganar fuerza y atracción para estas personas que buscan en momentos de desestabilidad económica un reducto donde seguir incrementando su riqueza.

 

A.Celma

 

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